Factura electrónica: la obra que ahora se cobra por SIFEN
Quien firma un contrato con el Estado queda obligado a adherirse al SIFEN desde el día siguiente de la firma, y la DNIT designa nuevos facturadores electrónicos por grupos con calendario hasta 2027. Qué cambia para la constructora.
El camino de la plata de una obra siempre fue el mismo: se ejecuta el trabajo, se certifica el avance, se emite la factura, se cobra. Lo que cambió es el papel. La Resolución General DNIT N° 41/25, firmada el 24 de diciembre de 2025, establece que el contribuyente que suscriba contratos como proveedor, contratista o consultor con los sujetos de la Ley de Suministro y Contrataciones Públicas —a partir del 2 de enero de 2026— queda obligado a adherirse al Sistema Integrado de Facturación Electrónica Nacional (SIFEN) desde el día siguiente de la suscripción del contrato, si aún no estaba adherido. Y la Resolución General DNIT N° 52/26, del 5 de mayo de 2026, designa nuevos facturadores electrónicos en seis anexos: los grupos 19 a 24, con obligación escalonada desde el 1° de junio de 2026 hasta el 1° de setiembre de 2027.
Qué implica la designación
Desde la fecha que fija su grupo, el contribuyente designado emite todos sus documentos tributarios exclusivamente en forma electrónica —a través del sistema transaccional e-kuatia o de la solución gratuita e-kuatia'i— con una sola excepción expresa: el Comprobante de Retención virtual. La misma resolución prevé una prórroga de hasta tres meses, por única vez y pedida con anticipación, para quienes adhieran al sistema transaccional. Para la constructora que le vende al Estado, el calendario es aún más directo: la obligación nace con la firma del contrato, no con el grupo. Como vimos al hablar de ofertar obra pública, la habilitación es trámite hasta que se convierte en negocio.
Lo que la resolución no dice pero la obra sabe
La factura electrónica no perdona el dato flojo. El comprobante nace de lo que la constructora tiene cargado: el cliente con su RUC correcto, el contrato con sus montos, el certificado con sus cantidades aprobadas, los plazos de pago pactados. Si esa información vive repartida entre un Excel, una carpeta de WhatsApp y la memoria del administrativo, la factura electrónica no ordena nada: solo expone el desorden más rápido. Si la información vive en un solo lugar, emitir es el último clic de una cadena que ya estaba cerrada.
Del certificado a la factura sin fotocopias
La cadena completa —presupuesto, certificado, factura, cobro— funciona mejor cuando es una sola operación y no cuatro procesos cosidos. Un ERP para constructoras ordena esa cadena alrededor de cada obra, y la conexión con la facturación electrónica se implementa según el proyecto de cada empresa, con sus clientes, sus contratos y sus volúmenes reales.
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