Vender en pozo es lo fácil: cobrar a tiempo es el trabajo
En un mercado donde las torres se venden antes de levantarse, la plata no entra al vender: entra cuota a cuota durante años. El seguimiento de cobros es donde se juega la caja de la constructora.
El modelo en pozo tiene una trampa silenciosa: la venta se celebra el día de la firma, pero el dinero llega en 24, 36 o 48 cuotas. Entre la firma y la entrega hay años de cobranza, y cada cuota vencida que nadie persigue es plata que la obra sí gastó.
El desfase que no aparece en la venta
Mientras tanto, el sector empuja: CAPACO registra un aumento del empleo en la construcción del 6,3% interanual en el primer trimestre de 2025, y la inversión pública acumulada a abril llegó a USD 261,5 millones, un 47,5% más que el año anterior. Más obra en marcha significa más salidas de caja por mes: materiales, mano de obra, subcontratos. La caja entra cuota a cuota; la caja sale todos los días.
Dónde se pierde la plata (sin que nadie la pierda)
- Cuotas que vencen y nadie reclama en la semana, porque el aviso dependía de que alguien abra la planilla.
- Compradores que refinancian de palabra y el acuerdo nunca queda registrado.
- Intereses o punitorios pactados que nunca se cobran porque calcularlos a mano toma demasiado.
- Entregas de unidades sin saldo cancelado, porque en la oficina no llegó el dato a tiempo.
La regla simple
Una cartera de cuotas no se administra con memoria ni con buena voluntad: se administra con vencimientos visibles y alertas automáticas. Saber el lunes quién debía pagar el viernes cambia la conversación con el comprador y cambia la caja de fin de mes. El pozo vende solo cuando el mercado empuja; cobrar a tiempo es lo que sostiene la obra cuando el mercado respira.
Fuentes
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